Brechas y abismos digitales.

¿Por qué hemos utilizado las palabras “embrionariamente”, “deberían” o “hipotéticamente”? Porque si bien es cierto que las maravillosas tecnologías teleinformáticas que ahora nos ocupan potencialmente pueden transformar a la totalidad del planeta, dada su rapidez, su capacidad de interconexión total, la facilidad que ofrecen a la interactividad y su capacidad de manipular y acceder a grandes volúmenes de información, en realidad esa, la interconexión y la posibilidad de acceso universal aún son, hoy por hoy, una mera aspiración. El sistema económico y las grandes diferencias en el acceso a los mínimos estándares de calidad de vida en gran parte del planeta, hacen de esa posibilidad eso, una mera posibilidad.

Sólo como un botón de muestra de lo escrito en las líneas precedentes ofrecemos los siguientes datos publicados en un diario de la Ciudad de México: 

“El presupuesto para el programa México Conectado con el que el gobierno federal pretendía llevar Internet a 250 mil sitios, como escuelas, universidades y hospitales, fue recortado 88 por ciento para 2017; mientras todas las áreas de telecomunicaciones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes tendrán 84.3 por ciento menos recursos…”4

De eso se habla siempre cuando se aluden a las “brechas digitales” o las “brechas tecnológicas”, un tema que abordaremos próximamente en una nueva entrada de este blog.

Acaso una de las principales transformaciones sociales que hayan propiciado la  combinación de tecnologías digitales y las redes informáticas sea el surgimiento de un nuevo tipo de usuario de los medios de comunicación: el prosumidor, un concepto del cual nos ocuparemos en una futura entrada de este blog, baste recordar que es un concepto que nació hacia la segunda mitad del siglo pasado 5 y que ahora describe con precisión al internauta, al usuario de las redes, al creador de productos para ser compartidos en red.


¿Nuevas destrezas, nuevas aptitudes? Búsqueda, selección y auto producción, la clave.

Docentes y estudiantes requieren un nuevo tipo de habilidades en el siglo XXI. Necesita desarrollar habilidades relacionadas con la búsqueda eficiente y precisa de información a través de fuentes confiables; como identificar, evaluar y seleccionar en el proceso de búsqueda de datos. Y en esas capacidades de búsqueda, selección y evaluación de información, están incorporadas destrezas —vitales— para discriminar y discernir qué información es útil y apropiada a los propósitos personales, y si esos propósitos van vinculados con actos de aprendizaje o enseñanza, la habilidad debe ser aún más aguda.

Dentro de las habilidades digitales, por supuesto, deben incorporarse aquellas relacionadas no sólo con la búsqueda y la selección, sino con la producción o, mejor dicho, la auto-producción. En efecto, los dispositivos actuales, los gadgets, las computadoras, tienen incorporadas aplicaciones o programaciones en software que permiten al profesor, al estudiante, al gestor o directivo, la creación de sus propios materiales y recursos.


¿Qué son las habilidades digitales?

La llamada Era Digital es un concepto que alude a todos aquellos fenómenos relacionados con la transferencia de las tecnologías analógicas a las digitales. Se trata de un período que comenzó aproximadamente hace 30 años, propiciado por los avances en el conocimiento científico iniciados con el siglo XX y los consecuentes desarrollos en la tecnología. Paralelos a esos cambios tecnológicos, son patentes cambios sociales equivalentes a los ocurridos durante las revoluciones Agrícola e Industrial. 

Hacia mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, la intromisión de uno de los principales desarrollos tecnológicos vinculados con la Era Digital, las computadoras personales (PC), era un hecho palmario en prácticamente todas las áreas productivas, y con el gradual abaratamiento de los programas “para hacer algo” o software, también inició una rápida asimilación de la tecnología a muchas prácticas sociales no necesariamente vinculadas con la producción o la administración.

El campo educativo no estuvo excluido de esta “intromisión” y bien pronto los beneficios de la tecnología digital comenzaron a transformar prácticas milenarias. Así, en esa década (los ochentas) la computadora se introdujo al salón de clases1 y luego vinieron las impresoras, los disquetes, el escáner y las primeras cámaras digitales. Pronto, el término Información Tecnológica (IT), que describe a las computadoras y sus dispositivos periféricos, se incorporó al vocabulario de educadores, planificadores y educandos. 

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